Retratos

Un buen retrato no consiste en un alarde técnico, que también, sino en reflejar la personalidad del retratado. Si en la imagen vale más la colocación de las luces o la resolución de la cámara entonces tenemos un problema que hay que solucionar. La técnica es importante, pero nunca debe destacar por encima de la psicología del personaje. Si miramos la obra de los grandes que ya he nombrado, podemos descubrir obras que no palidecen al lado de las pinturas icónicas de Velázquez, Rembrandt o Rafael de Sanzio. Son fotografías perfectas, pero si las miramos con frialdad, descubrimos que su técnica es muy sencilla. Cartier Bresson no juega con las luces sino con el momento. Y Avedon hace lo mismo. Disparan cuando encuentran el momento de debilidad en el que la persona se desnuda con la mirada frente al objetivo.

El retrato, un género aparentemente tan modesto, requiere una enorme inteligencia. Cuando veo un buen retrato, intuyo lo que le ha costado al artista, primero ver lo que hay ahí y luego adivinar lo que está oculto. Un buen retrato me parece como una biografía dramatizada, o más bien como el drama natural que habita dentro de cada ser humano.                                                                                                                                                                                                                                                Baudelaire